Comentario de MAITREYA RAEL:
“Debes de caminar TODOS LOS DÍAS. Y entrénate a ti mismo para hacer una caminata de meditación: lo mismo que cuando estás echado, pero mientras caminas (con los ojos abiertos por favor…). Yo camino 40 a 60 minutos todos los días…”

http://www.abc.es/salud/habitos-vida-saludable/abci-caminar-mejora-riego-sanguineo-cerebro-201704251818_noticia.html

El impacto del pie en el suelo mientras se camina envía ondas de presión a través de las arterias que aumentan de forma muy significativa el aporte de sangre al cerebro.

Como rezaba en su momento un anuncio publicitario, ‘quien mueve las piernas, mueve el corazón’. Una frase que, originalmente dirigida a resaltar los beneficios del pedaleo, ha sido aceptada como máxima por la población para sintetizar las virtudes de la actividad física en general. Y es que no hay ninguna duda de que la práctica de ejercicio es buena para la salud. Un efecto positivo, además, que va mucho más allá de nuestro corazón –y de nuestros músculos–. De hecho, un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Tierras Altas de Nuevo México en Las Vegas (EE.UU.) muestra que caminar, correr o montar en bicicleta mejora, y mucho, el flujo de sangre que llega al cerebro.

Como explica Ernest Greene, director de esta investigación presentada en el marco de la Reunión Anual de Biología Experimental 2017 de la Sociedad Americana de Fisiología (APS) que se está celebrando en Chicago (EE.UU.), «nuestros hallazgos sugieren que el flujo sanguíneo cerebral es muy dinámico y directamente dependiente de las presiones aórticas cíclicas que interactúan con los pulsos de presión retrógrada provenientes de los impactos de los pies en el suelo. Así, al caminar, correr o pedalear se produce un efecto hemodinámico continuo sobre el flujo sanguíneo del cerebro humano, por lo que podemos especular que estas actividades mejoran la función y perfusión cerebral y la sensación general de bienestar que se experimenta durante el ejercicio».

No hace falta correr

Hasta hace poco se creía que el flujo –o ‘riego’– sanguíneo del cerebro estaba regulado de forma involuntaria por el cuerpo y que no se veía alterado por los cambios en la presión sanguínea que tienen lugar durante el ejercicio físico –o durante cualquier esfuerzo–. Sin embargo, algunos estudios publicados recientemente han demostrado que el impacto en el suelo del pie mientras se practica ‘footing’ provoca una serie de ondas retrógradas –o lo que es lo mismo, de ‘reflujo’, que fluyen en dirección contraria– a través de las arterias que se sincronizan con el ritmo cardiaco y la frecuencia de paso para regular de forma dinámica la circulación sanguínea al cerebro. Pero este efecto beneficioso del correr, ¿puede lograrse también a un paso más lento? Es decir, ¿paseando?

Para responder a esta pregunta, los autores utilizaron técnicas de ecografía no invasivas para medir la velocidad de las ondas sanguíneas a través de la arteria carótida y el diámetro de las arterias con objeto de calcular el flujo sanguíneo cerebral en ambos lados del cerebro mientras se camina –a una velocidad de un metro por segundo– o se permanece de pie. Y para ello, contaron con la participación de 12 adultos voluntarios completamente sanos.

Los resultados mostraron que, si bien el impacto del pie en el suelo es mucho menor cuando se camina que cuando se corre, caminar es suficiente para producir grandes ondas de presión a través del cuerpo que aumentan de forma muy significativa el riego cerebral. De hecho, los efectos sobre el flujo sanguíneo cerebral que se producen por el hecho de caminar, si bien son inferiores a los que se producen durante una carrera, son a su vez mayores que los observados durante el pedaleo, en el que no hay ningún impacto del pie.

Como indica Ernest Green, «es realmente sorprendente que nos haya llevado tanto tiempo cuantificar estos efectos hidráulicos tan obvios sobre el flujo sanguíneo cerebral. Hay un ritmo optimizado entre este riesgo sanguíneo y la deambulación. Las frecuencias de paso y los impactos del pie en el suelo se encuentran dentro del rango de nuestro ritmo cardiaco –en torno a 120 pulsaciones por minuto– cuando nos movemos con rapidez».

Más que el corazón

En definitiva, y a la luz de las nuevas evidencias, puede concluirse que el impacto del pie en el suelo mientras se camina envía ondas de presión a través de las arterias que aumentan de forma muy significativa el aporte de sangre al cerebro.

Tal es así que quien mueve las piernas no mueve solo el corazón, sino que también ayuda a que su cerebro tenga un mayor aporte de sangre. Un aspecto crucial dado que los problemas en el riego sanguíneo cerebral son muy graves y, en un gran número de casos, fatales. Es el caso del consabido ictus o accidente cerebrovascular isquémico –anteriormente conocido como ‘infarto cerebral’–, ocasionado por una disminución u obstrucción de este flujo sanguíneo en el cerebro y que constituye una de las principales causas de mortalidad y de discapacidad en todo el mundo.

 

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