Comentario de MAITREYA RAEL:
«El feo rostro de los «verdaderos cristianos». Las mismas personas quienes hoy mirarían hacia abajo las prácticas similares en África o Asia… Es por eso que es tan importante promover en todas partes muy activamente que no hay dios ni diablo. Los ateos jamás colgarían a personas por «brujería» ya que ellos no creen en brujas o diablos…»

Las Brujas de Salem: el fanatismo religioso

Al norte de Boston llegamos a un pueblo del estado de Massachussets tan tristemente conocido por  lo que el fanatismo religioso y la histeria colectiva es capaz de escribir en la historia de la humanidad.

En una época donde la Inquisición de la Iglesia Católica dominaba la vieja Europa, el pueblo fue fundado por colonos ingleses bajo el nombre de Salem, palabra que curiosamente proviene de la hebrea “shalom” que significa Paz.

En el siglo XVII, la ley británica era la base de la estructura jurídica de la Bahía de Massachusetts, y según la misma, los que eran acusados de confabularse con el diablo se consideraban delincuentes que cometían un crimen contra su gobierno y cuyo castigo por ese delito era la muerte.

La vida diaria de la nueva colonia de Salem estaba llena de tensiones con los pueblos de alrededor fundados por otros colonos; por la amenaza de las tribus guerreras aboríngenes y por epidemias de enfermedades como la viruela.

Las niñas de aquella época, inmersas en un puritanismo absoluto, tenían casi todo prohibido y el aburrimiento les hacía buscar formas distintas de diversión, a espaldas de los mayores. En este ambiente, la hija y la sobrina del Reverendo Samuel Parris, una de las personas más importantes de la comunidad, empezaron a organizar reuniones secretas con otras niñas del pueblo, acompañadas por su esclava Tituba quien les contaba historias de magia y decía poder leer el futuro en la clara de huevo.

En Enero de 1692, se cree que por miedo a ser descubiertas, las niñas  empezaron a tener comportamientos extraños y a simular que estaban enfermas: gritaban , lloraban, se quedaban sin habla, ladraban… El médico fue incapaz de dar un diagnóstico  y determinó que las niñas habían sido embrujadas, acusando a Tituba de brujería. Tituba se defendió culpando a las niñas pero éstas, en medio de la histeria colectiva de todas las adolescentes, alegaron estar poseídas por el demonio y se ofrecieron a las autoridades para ayudar a cazar a las verdaderas brujas.

En aquel tiempo, cuando una persona admitía practicar brujería, era un “afligido” y no se la ejecutaba porque supuestamente era atormentado por el diablo; sin embargo, si lo negaba (por no admitir algo que no era cierto) era condenada a la horca.

Se organizaron juicios donde las niñas iban  acusando a inocentes de brujería y éstos eran condenados a la muerte en la horca. Algo que comenzó como un juego de niños terminó con la vida de muchos inocentes: diecinueve personas ahorcadas, un hombre muerto por aplastamiento y siete personas más muertas en prisión. Era una época en que la ficción, el fanatismo y la ignorancia era un campo de cultivo para la creencia en brujas y demonios.

Los juicios duraron menos de un año. El 1 de marzo de 1692 se produjo el primer arresto y el 22 de septiembre 1692 fue ahorcado el último acusado de brujería. En octubre se disolvió el tribunal (The Court of Oyer and Terminer). Un nuevo Tribunal tomó las riendas de los juicios  y declaró la inocencia de todos los procesados y restituyó  el honor de las victimas inocentes.

Debido a la naturaleza de su presunto delito, a las víctimas no se les permitió ser enterrados en tierra sagrada. Se cree que las familias enterraron a las víctimas en lugares privados y un monumento en su honor se rige hoy en día en Salem.

Poco se sabe de la vida de las niñas afectadas aunque se dice que años después reconocieron sus mentiras. Se cree que Tituba  fue vendida y sacada del área de Salem.

“La caza de brujas” es algo que no sólo quedó en esa época sino que por diferentes motivos (no siempre religiosos) se ha ido repitiendo a lo largo de la historia aunque haya sido con distintos nombres. Un claro ejemplo es el que se llevó a cabo en EEUU en la época de McCarthy en los años 50.

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