
Comentario de PIERRE GARY, Obispo Raeliano y Asistente directo de MAITREYA RAEL:
“La actitud femenina: ¡La otra revolución!
Siguiendo diversos movimientos y acontecimientos que ocurrieron este último tiempo, escuchamos mucho hablar de los derechos de las mujeres, del feminismo, de la igualdad de sexo, la igualdad en la sociedad. Vemos florecer las manifestaciones de mujeres que se unen para rebelarse. Pero por mucho todo esto no es más que una cuestión de sexo. ¿No sería más eso? ¿Más bien no sería una cuestión de actitud personal?
En estos cambios deseados, la actitud y los comportamientos están más en juego que el sexo. El sexo sirve antes que todo para el placer y adicionalmente para la reproducción 🙂 Mientras que la actitud y la intención que la sustenta, dictan nuestras pensamientos, nuestras palabras y nuestros actos. Ante los acontecimientos o situaciones que vivimos, en nuestras relaciones con otros, lo importante es la actitud que ponemos y las consecuencias que se derivan. La actitud guía nuestro comportamiento. A través de estos acontecimientos de revuelta de las mujeres, es la actitud masculina que está implicada, más que el sexo masculino. Esta actitud masculina es una de las fuentes principales del desorden actual de nuestra humanidad. Y, es por eso que la subida en primera línea de las mujeres, mas que una cuestión de sexo, es una invitación a un cambio de actitud los unos con los otros. Porque incluso si, antes que todo, los hombres están interesados por esta actitud masculina, algunas mujeres también tienen comportamientos masculinos exacerbados y forman parte del problemas.
El masculino tiene tendencia a servirse del otro para avanzar, para aplastar a un competidor de su poder para hacer valer sus ansias, sus deseos, sus impulsos, para oprimir a los más débiles que él mismo para afirmar su voluntad y desarrollar su “territorio”, para dominar para valorizar su ego.
La actitud masculina esa la fuerza (física o mental), de la competencia para someter a su adversario o a su rival. Y esta actitud no es útil más que en un contexto primitivo, regido por la ley del más fuerte, “la ley de la jungla”, sin valor, sin sensibilidad, sin humanidad. En una sociedad civilizada y evolucionada, esta actitud se difumina y se reemplaza por el respeto, el escuchar y la comprensión, la cooperación, la gentileza, la dulzura y la bondad, en una palabra por una actitud femenina. La actitud femenina usa la delicadeza, de escuchar, de la compasión para servir el bien de todos. Así que, no esperemos más, seamos sensibles a los mensajes de aquellas quienes mejor portan esta feminidad, desarrollemos nuestra actitud femenina. Alrededor de nosotros aquí, en otra parte, en lo alto de las montañas, en las grandes planicies, más allá de los mares, no hay más que seres humanos que tienen actitudes los unos con los otros. Elijamos nuestros comportamientos, elijamos las buenas actitudes.
La revolución verdadera: ¡La “actitud femenina”!”
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