La ilusión de la seguridad absoluta, del riesgo cero, del consumo consolador y del bienestar protector, del Estado maternalista, de la sociedad de algodón nos ha llevado a la configuración presente de sociedades que se derrumban por causa de un virus apenas más grave que la gripe común. Dos siglos de industrialización, décadas de culto al consumo y de destrucción de los pilares de la civilización han llevado el ser humano a un estado de fragilidad psíquica y física tales que a la menor alerta (algo que habría pasado desapercibido fuera de los círculos medicales hasta pocas décadas atrás) relega su LIBERTAD en el sótano de sus prioridades. Nos consta aceptar lo incontestable: se abandonó a la supuestamente adorada LIBERTAD al primer sonido de las trompetas de un improbable cataclismo, un mal por lo visto insignificante a la luz de lo que superó más de un millón de veces la humanidad. No hubo ni guerra, ni batalla, ni lucha, ni resistencia en nombre de la LIBERTAD. Todos salieron pitando al primer rumor de un enemigo, sustancialmente inconsistente, y cuyo poderío surgió a partir de la demencia colectiva y se alimentó de la colosal debilidad de los pueblos dichos libres, aquellos que demostraron sin rodeos lo poco que se importan por ser libres, o como lo son bajo condición, después de, con la exigencia caprichosa del niño mimado de ser (eternamente) protegidos, ser llevados en brazos, ser exentos de toda enfermedad, riesgo, imprevisto, aventura. Los viles reflejos de los acobardados han invadido la plaza pública, los hogares, los televisores y escuelas. La cobardía de las masas, la de las élites intelectuales, la ignorancia generalizada y oficializada, la ausencia de juicio o de lógica, la irracionalidad, el pánico, los crudos instintos de sobrevivencia, el mimetismo social en una escala inédita – debido en particular a las nuevas tecnologías de comunicación –, la derrota de la individualidad como sostén del libre albedrio o juicio sano y propio, se convierten en los atributos de la “nueva normalidad” que se aparenta a una “nueva dictadura” o tiranía sanitaria que a su vez se incorpora a un esquema general de infantilización del adulto, de despolitización del ciudadano, de desresponsabilización del individuo – a quien se le achaca la responsabilidad de la salud de todos en nombre de un enemigo viral omnipresente aunque invisible, pero no la de su propia salud –, la puesta en práctica de las recién constituidas moral y virtud covidianas, o religión del corona, llamemos como llamemos a estos fenómenos de imposición, con tendencias totalitaristas, de nuevos paradigmas de vida, sin sonrisas, sin abrazos, sin calor humano y con mucho miedo, angustia y propaganda. ¿Y ahora? ¡Unidos, rechacemos esta farsa de mal gusto que subyuga la inteligencia y la vida humana!
“¿DICTADURA SANITARIA? Cambios y pérdidas de libertad en la sociedades ibéricas y latinoamericanas en el ámbito de la epidemia de SARS Covid-19” será el tema de nuestro coloquio virtual sábado 7 de noviembre. Para mayores informaciones, quienes deseen asistir o participar, manden un mensaje a este canal.